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Cuando franqueamos la puerta, amanece en el mundo de Faërie. ¿Amanece... o atardece? No lo sabemos. El dulce crepúsculo nos envuelve mientras pisamos la hierba fresca con los pies desnudos, camino al Claro de las Celebraciones.Algunos recorren la senda con nosotros. Personas de ojos húmedos y mejillas risueñas, que guiñan los ojos y aún se restriegan las ropas. "Polvos de hadas, ya se sabe" nos sonríe una anciana, mientras paladea algunas briznas de césped. Como todos sabéis, la hierba de Faerië sabe a menta. Una dulce música nos acaricia los oídos hambrientos cuando se abre ante nosotros el Claro de la Luna. Miles de luciérnagas prenden los troncos, y cálidas hogueras relumbran en los rincones. En el centro del claro rechinan los violines y repican las castañuelas. Las brujas de Faerië gritan al aire fresco y sus gatos saltan entre las llamas, mientras los magos pronuncian sus conjuros y las adivinas sus augurios... una de ellas te toma de la mano cuando te aproximas al círculo, pero no te dice nada. La gentil huella de sus dedos se queda en tu piel cuando te suelta, sonriendo, y murmura entre dientes... Las mesas rebosan de comida y bebida, generosamente servidas en cuencos y jarras. Hay quien canta, alzando las rodillas, mientras enarbola un muslo de pavo o una pinta de cerveza. Entonas al pasar junto a ellos, y el bardo te empuja en las manos un plato y una jarra. Y te sumerges en la fiesta y entrechocas tu vidrio con todos, mientras las luciérnagas proyectan sombras sugerentes en las raíces. Te sientas en el suelo, atraído por el dulce susurro de un cuento. La voz profunda y grave del escritor te arrulla y adormece, mientras ves florecer ante ti increíbles historias y fantásticas criaturas. Entonces el sueño te hunde, cálido y acogedor, en las entrañas de la tierra. Y sientes que te alejas, lenta y dulcemente, abandonándote al fin del encantamiento... De camino a casa. Mientras te desprendes la estrella de la frente, aún notas en los labios el dulce vino, y te los enjugas canturreando la música de la fiesta. Aquella melodía que nace muy cerca y muy dentro, en el fondo de tu corazón. |